miércoles, 4 de enero de 2012

Apéndice: Capítulo eliminado de la actual edición

Capítulo profético de Primaveral, escrito en clave (aún sin decodificar)

P6253 Torquemada las huestes. 13521. AAE  K 66. R. C. de Avellana… Puré de Avellana 32. Av. Cobos 125. PRODE ARAUCANO 666. 14 la perdí. 11 de Septiembre PUM, abajo las hermanitas. Ja ja. 34fghjue. 1978=1986.  Otro Homero vendrá, pero este será amarillo y repartirá risas.  La Laguna se hará Monseñor, será una Laguna pelada. 12354-1236521. En orden, la casa estará, más no será suficiente. ASDTRECVBM 98. Luna zurdita, dame lucecita obrera. Pipo No es Pescador. Río roto. Roto de amor.  Che, vos, no me extingás los pandas. ¿Ok? Devuelvan  + los nietos +. 2345645. Puma3. Puma 5. Puma 8. Barrilete cósmico. Soja. Ja ja ja. Puesto menor. 

CAPITULO INÉDITO

Con el comienzo del año llega el capítulo inédito de Primaveral. Nunca publicada hasta este momento, el ya famoso capítulo en clave que haría referencia a Héctor Magnetto, CEO del grupo Clarín queda al alcanza de todos los públicos para que lo disfruten y cada quien saque sus propias conclusiones. Como ya hemos dicho en otra oportunidad el capítulo tendría que ver con una disputa entre Fernández Comente y  el grupo editorial encabezado por el Multimedios. Entre los iniciados en la Obra del Maestro, seguidores e integrantes del Circulo Literario, el capítulo es reconocido por su contenido profético, entre otras cosas porque allí aparecen parte del relato del gol de Maradona a los ingleses por Victor Hugo Morales (o simplemente Victor Hugo), el atentado a las Torres gemelas, Los Simpson y la leyenda popularizada en los últimos tiempos en movilizaciones populares "Devuelvan a los nietos", que es entre otras cosas una de las notas que abonan la teoría del ajuste de cuentas entre Fernández Comente y Héctor Magnetto. Cada uno sabrá leerlo a su gusto.
Por pedido expreso del autor de la copia El Circulo Literario a decidido publicarlo como apéndice a la novela y no como parte del cuerpo de la misma, ya que estrictamente nunca, ni en su primera edición fue publicado de esa manera. En el siguiente post entonces les presentamos el polémico capítulo

martes, 18 de octubre de 2011

Retratos

Retrato de Fernández Comente de la época en que escribió Primaveral, una novela setentista. Se desconoce con certeza quién fue el autor, algunos indicios apuntan a que habría sido pintado por L. A. Spinetta.
















Fernández Comente durante la Gala en que desestimó el premio Cervantes (Foto: Sara Facio)
El Maestro Fernández Comente en un fumadero de opio, o en una sesión de espiritismo; no queda del todo claro, pero de todas formas ambas actividades formaban parte de sus hábitos durante el siglo pasado (Foto: Cartier Bresson)


























CAPÍTULO XXXIV (Final)

XXXVI

Primavera




            Mi novela setentista termina un día soleado de 1983.
            Termina el mismo día que Natacha y The Master vuelven a verse, después de tantos años.
            Afuera, un grupo nutrido de jóvenes de izquierda avanza convocando por altoparlantes a votar con conciencia.
            Bombos y pancartas. Cánticos murgueros.
            Natacha, que ahora observa ese río democrático con ojos sanos, a salvo de las horribles alucinaciones que tanto la han perturbado, le pide un cigarrillo a The Master.
            The Master va hacia ella. Los dos están desnudos, frente a la ventana. Jamás imaginaron un día tan soleado, tan despiadadamente primaveral como este, un día tan despiadadamente hermoso.
            —Dictadura militar/La vergüenza nacional... —cantan los jóvenes ahí afuera, en la calle.
            Natacha y The Master miran. Durante unos instantes, cada uno se pierde en los dolorosos recuerdos que la dictadura ha dejado detrás de sus ojos; se pierden en las melodías susurradas en ronda, en las imágenes del exilio lluvioso y los hotelitos de mala muerte, en las caricias temblorosas con las que trataron de aferrarse a sus cuerpos, a la belleza de sus cuerpos, a la juventud que se les iba arrastrada por la crueldad de las pesadillas, la crueldad de los sueños, entre tanta pena y tanta violencia y tanto amor...
            —Ganamos— dice ella o él. —Simone va a tener el país que queríamos para ella. El país que soñábamos.
            Y entonces se besan como si sólo hubieran sido hechos para eso, para besarse así, largamente, frente a la ventana limpia de exilio y aturdida de primavera y de cantos ardientes de pájaros y jóvenes.
Y siguen besándose en silencio hasta que mi novela setentista, preñada de sol, llega con algunos años de retraso a su bendito fin.
           

                                                 FIN

CAPÍTULOS XXXV y XXXVI

XXXV

El fin de una década




            Y siguieron pasando los años, los barrios de la provincia, las fotos, los nombres, las cartas de Natacha, las botas, las persecuciones, las canciones, algunos vinieron, otros se fueron, otros se quedaron, y Natacha y The Master terminaron la década separados, lejos.
            The Master recordaría por siempre aquel fin de año de 1979. Fue en Barrio Sarmiento, Villa Celina, en una pequeña casa que una anciana llamada Pierina tenía a modo de pensión. Estaban, además de él y de Cipe, los chicos del Cuarteto Zupay, Piero, Víctor, Aída Bortnik, Pino, Marilina, Viñas, Norma Kennedy, Ana Caccopardo, León Gieco, el Tano Pagliaro, “Mirta de Liñiers a Estambul”, Osvaldo, Jacobo, el padre de Ismael Serrano, César Isella, Tarragó Ross, Jaime Ross, Chunchuna Villafañe y Tato Pavlovsky. Todos, todos juntos despidiendo aquella década espantosa y poniendo todas nuestras esperanzas en esa nueva década que vendría para rescatarnos del horror o sepultarnos definitivamente en él.
            Después de brindar, recordaría The Master, salieron a la calle y se mezclaron con la gente de aquel barrio, se perdieron entre los festejos de la gente, bailaron en las calles de tierra, en el club de la sociedad de fomento, en la parte de atrás de la parroquia, riendo, casi felices, hasta más allá del  amanecer.
            Así festejaron el final de la década.
            Al día siguiente, cuando The Master llegó a su casa, escuchó que sonaba el teléfono.
            Atendió.
            —Feliz década, mi amor— le dijo la voz de Natacha, y luego : —Feíz dédaca, papá – le dijo la voz de Simone.
            Y cortaron[1].




XXXVI

Los ochenta





Una novela setentista irreductiblemente tiene que terminar en la década de los setenta. Los años ochenta, por más interesantes que sean, le están vedados.
            Y esta novela, mi novela primaveral, es setentista, de modo que debe terminar aquí, con el fin de los festejos del último día de 1979 y el primero de 1980.
            Tiene que terminar con todos juntos, esperanzados, dispuestos a seguir. 
             Pero no, no va a terminar allí.
Aún queda un capítulo más. 




[1] Susana Maciel, editora de textos de enfermería que se animó con un ensayo sobre El Maestro (que salió publicado bajo el título pantalla de “La leche materna hoy”), llegó a la conclusión de que la obra Primaveral termina aquí, en este capítulo. Los siguientes dos capítulos, según ella, son un agregado posterior escrito por otro autor. 

CAPÍTULOS XXXiV y XXXV

XXXIV

Gol de Videla





            La última vez que The Master vio a Natacha bajo el gobierno de Videla (recién volverían a verse con el regreso de la democracia) fue de casualidad, sin esperarlo.
            The Master se escapaba del centro, abrumado por las turbas que festejaban el campeonato mundial de fútbol. Había fumado marihuana, y esa vez la marihuana, más las anfetaminas, lo estaban poniendo un tanto paranoico.
            —¡Ar-gen-tina. La copa te domina! —cantaban las turbas. —¡El que no salta es holandés! ¡El que no salta es holandés!
            The Master estaba por cruzar la Av. Callao cuando de pronto la vio, como una más entre la turba, junto a otro hombre, con Simone en brazos.
            —¡Ar-gen-tina! ¡Ar-gen-tina! —cantaban aquel hombre y Natacha. —¡Ar-gen-tina! ¡Ar-gen-tina!
            The Master se sintió morir de horror. ¿Cómo podía ser posible aquella imagen? ¿Cómo algo así podía ser cierto?
            Quiso ir hacia ella pero no pudo. Un oleaje de la turba las borró de sus ojos y ya no pudo volver a verlas, no pudo dar con ellas. La turba se las llevó en una ola victoriosa y él tendría que esperar cerca de cinco años para reencontrarlas.
            The Master, mareado, buscó un bar abierto y se pidió un agua tónica. Prendió un cigarrillo tras otro, mientras veía que el techo y las paredes se disolvían.
            Por primera vez en su vida, se dijo que la vida era un verdadero asco, y fue ahí que gran parte de su fe en la honestidad de la gente se le murió; que se le murió la fe necesaria para  querer, de veras, morir por algo. Él no lo supo, pero fue así. Y pese que a Natacha le aseguró en miles de cartas no haber participado de los festejos del mundial ni con Simone, ni con otro hombre ni con nadie, gran parte de su amor por el mundo esa noche murió.




XXXV

Agñés

 

 

             Poco después de aquella noche The Master buscó refugio en Agñés, una chica francesa estudiante de antropología que había venido a Buenos Aires de vacaciones.

            Agñés se quedó unos cuantos meses, más de los que había previsto, y volvió a París porque no se adaptó a los lluviosos martes del exilio.
            Durante un tiempo, The Master se movió en soledad. Natacha y Simone no salían de sus pensamientos. Nada salía de sus pensamientos.
            Se movió en soledad.
            Conoció algunas mujeres, casi todas estudiantes, pero fueron historias muy breves que ni siquiera duraron un par de semanas.
            De todas ellas, sólo a una The Master le dedicó un poema. La chica se llamaba Berenice y había nacido hacía diecinueve años en Caracas. Estudiaba bioquímica. Era muy inteligente, y muy bella. El poema de The Master era breve, de sólo cinco versos que él jamás intentó publicar por considerarlos “amargos, desconsolados, oscuros”:


No miremos más la lluvia, Berenice.
Cerremos los ojos.
Y pensemos, por un momento,
Que nada de esto ocurre.
Que nada de esto es cierto. 

CAPÍTULOS XXXII y XXXIII

                         XXXII

                                                                               Exsilium                                                                                                                                                                                                                                  

           De todos modos, si bien Cipe, The Master y los demás se empaparon tanto con Liñiers que no sería una hipérbole considerarlos como expertos “liñieristas”, jamás pudieron encontrar ni a Natacha ni a Simone, y tuvieron que conformarse con recibir noticias de ellas por medio de las cartas que Natacha enviaba cada tanto.
            Sumido en el desconsuelo amoroso y paternal, The Master sólo pensó en llevar su exilio cada vez más lejos, cada vez más allá de La Gran Frontera, y los martes dejaron también de ser de Liñiers y pasaron a ser de Madero, de San Justo, de Villa Celina, de Barrio Sarmiento, de La Salada (con sus balnearios públicos), de Tapiales, de Ingeniero Budge, de Villa Fiorito... Por todos esos lugares los arrastró la vorágine del exilio, y de todos aquellos lugares The Master pudo quedarse con recuerdos entrañables que le permitieron escribir la que él califico como su obra más extraña: “Exsilium (psicodelia obrera)”, cuyos versos más conocidos fueron los dedicados a La Salada.

                      La sal tercermundista de tus piletas
                       De esmeraldas aguas, 
                       De esmeralda luz.
                       La alegría obrera de tus trampolines,
                       El orín fosforescente y provinciano
                       Que se mezcla en las entrañas de tus aguas
                        Y que nos habla de la rebeldía,
                        De la resistencia con que tu gente                                                                             
                        Desafía lo impuesto, lo ordenado,
                                            Lo gorila.
                                 
                          Latinoamericano y pobre es tu destino hoy,
                          Pero la hora alucinante se acerca, Oh Saly,
                          La hora ardiente se acerca,
                          Y sé, estoy seguro,
                           Que después de los bombos y las pancartas,
                           Después de la aventura obrera que te redima,
                           Del flash obrero que te queme de amor,
                           Las futuras generaciones verán en las palabras
                           “Ocean”, “Punta Mogotes”, “Las Vegas”,
                           algo más que nombres de balnearios públicos.
                            Las futuras generaciones, Oh Saly,
                            Verán en ellas,
                            En esas simples palabras,
                            El comienzo de una nueva etapa,
                            Hinchada de luces hirientes (por lo bellas)
                            Y de Libertad y de bocas radiantes de Justicia…                            

                                                                                                                                                                                                                                 

XXXIII

Fotos de Cipe

                            


             Fotos de Cipe. Fotos del Exilio.
            Los lugares del exilio, en blanco y negro, a colores.
            Los chicos del Cuarteto Zupay en un supermercado de Laferrere. Los chicos del cuarteto Zupay en una galería de Derqui.
            Y Piero en una vereda de Villa Diamante. Y Cipe guitarreando en el Camino Negro.
            Y César y Tato y Marilina y Pino en la pileta Ocean.
            Y Susú fumando hachís en un turbio bar de González Catán.
            Y Cipe y The Master bajando de un colectivo de la línea  493.
            Y Cipe y León jugando al metegol en el bar de Tauichi, en Barrio Sarmiento.
            Y Cipe sola, llorando.
            Y Natacha y Cipe mirando con tristeza a través de la ventanilla de un tren.  
            Y Natacha en el viejo hotelito de Barracas, frente a The Master, a punto de besarse.
            Y Natacha en el viejo hotelito de Barracas besándose con The Master.
            Y The Master riendo, frente a la máquina de escribir, feliz.  
            Así pasaron las fotos, y los años.