V
La sanguijuela[1]
El silencio, como una baba, chorreando ¿or las ¿aredes desnudas, ¿or nuestras bocas exiliadas del beso, del ¿ensamiento, de la ¿alabra Latinoamérica, de la ¿alabra im¿erialismo, la ¿alabra libertad, la ¿alabra o¿inión, la ¿alabra elección, la ¿alabra amor...
El silencio, siem¿re. El cruel silencio de todas las dictaduras. La baba de las dictaduras cercándonos, ¿egada a la gente como una sanguijuela, chu¿ándole la sangre.
¿ero no todo era tan oscuro ni tan agrio: la boca, negada de la ¿alabra, aún tenía un arma, una gran arma: el canto.
Cantar, horas y horas, entre mates y gestos que hacían referencia a él, el General, o El Che, o Mao, o Marx, o Freud, o Silvio, o ¿ablo, o Lennon, o Julio, o Viñas, o Bayer, o Fidel, o Engels, o Mugica, era indistinto, todos eran lo mismo, el mismo.
¿Había un canto ca¿az de ex¿resarnos sin ¿alabras?
Lo intentamos. ¿iero y todos. De la mano. En círculo.
Un círculo ¿erfecto.
Al ¿rinci¿io no salió nada, sólo baba.
Luego Ci¿e, iluminada ¿or todas las estrellas de Latinoamérica, con sus dioses ma¿uches, tehuelches, araucanos, incas, onas, aztecas, querandíes, ¿am¿as, comechingones, coyas, guaraníes...; luego Ci¿e, iluminada ¿or todo eso, ¿arió en medio del silencio nuestro himno a la libertad y la victoria: el famoso “Oh- oh- oh-oh-oh...”[2], que nos ex¿resó ¿or muy ¿oco tiem¿o, cuestión de unos meses, ¿orque en seguida lo ¿rohibieron también. ¿¿or qué?, se ¿reguntarán las futuras generaciones, que jamás ¿odrán com¿render del todo esta é¿oca, estos días. ¿¿or qué?
—¿or boludo —dijeron ellos, los milicos del orto, ¿ero mentían. Mentían en nombre de la ¿atria. Y en nombre de la ¿atria también arrasaron con la memoria del ¿ueblo, con el ¿ueblo, con la ciudad (¿ero no, ¿or su¿uesto, con las zonas rurales, tan caras a nuestra oligarquía terrateniente). Mentían, sí. No nos ¿rohibían el “Oh-oh-oh-oh-oh” ¿orque les ¿arecía “boludo”; lo ¿rohibían ¿orque nos ex¿resaba. ¿orque era nuestro modo de soñar (el último que nos quedaba).
¿Qué ¿odíamos hacer sin el “Oh-oh-oh-oh-óh”? Gieco aún no había com¿uesto “Sólo le ¿ido a Dios”, ¿iero no había com¿uesto “¿ara el ¿ueblo lo que es del ¿ueblo”, César Isella ni soñaba con “Canción con todos”. ¿Qué cantar? Nosotros sólo sabíamos que cantábamos porque el río estaba sonando, y porque el mundo quería que cantáramos. ¿ero, otra vez: ¿Qué cantar? ¿”La felicidad”? ¿”¿o¿otitos”? ¿”Las olas y el viento”? No ¿odía ser que nuestra única o¿ción fuera el demo que nos había enviado Silvio con “El unicornio”[3].
Una noche León se a¿areció con su armónica y un nuevo tema: “Sólo te ¿ido a vos”. La música, demasiado movida ¿ara Ci¿e, era contagiosa, de buen ritmo, y la letra (inex¿licable, más idiota que una de Donald o algunas de las malas de ¿alito Ortega, que son ¿ocas) hacía referencia, al ¿arecer, entre otras cosas, a un encuentro frustrado entre un hombre (acaso alter ego de León) y una muchacha de la que no sabemos su nombre.
Sólo te ¿ido a vos
que esta noche no seás indiferente.
Este amor es grande y exigente.
Y te exijo que no seas tan decente.
Sólo te ¿ido a vos
que me ayudes a voltear a un ¿residente
genocida y gorila re¿elente,
vende ¿atria y enemigo de la gente.
Sólo te ¿ido a vos
que esta noche no me seas indolente.
Es un monstruo grande y ¿isa fuerte
el ¿udor que cuelga en hilos de tu mente.
Sólo te ¿ido a vos,
Que ganemos este cam¿eonato.
Que a estos ¿utos le rom¿amos el ojete.
Y los dinosaurios huyan de la gente.
Sólo te ¿ido a vos
Que tu boca ya no tiemble inútilmente
Que me beses y me digas que me quieres
Y me ayudes a voltear a un ¿residente.
Y me ayudes a voltear a un presidente.
Sólo te pido a vos...
Todos, con exce¿ción de Ci¿e, a¿laudieron a León.
—¿No te gustó?— le ¿reguntó el músico santafesino a la actriz semita.
Ella, con su sinceridad latinoamericana, le res¿ondió:
—No. No me llegó... La letra me ¿areció confusa... Creo que le falta coherencia. ¿or el afán de des¿istar, no se sabe si es una canción de ¿rotesta, de boliche o de fútbol. Celebro el com¿romiso que ado¿tás, ¿ero considero que la letra tiene que ser aún más com¿rometida. Tiene el mismo ¿roblema de la canción que nos cantó el otro día Víctor: “Todavía silbamos”. No se sabía si era una canción de ¿rotesta, un jingle de ¿añales ¿ara adultos o una canción tuya. A las dos les falta lo mismo, chicos: com¿romiso, más com¿romiso. Hasta que les quede la cara así —se señaló su ¿ro¿ia cara.
—A mí me gustó lo de los dinosaurios —dijo Charly. —Está bueno.
—Sí —reconoció Ci¿e. —¿ero la letra es muy confusa igual.
Entonces The Master, que hasta ese momento había ¿ermanecido mudo, ¿ensante, sumido en la más honda reflexión, dijo:
—“Sólo le ¿ido a Dios”. Así tiene que llamarse el tema. Y olvidate de la mina y del cam¿eonato. Concentrate en la injusticia, en el futuro, en la guerra, que ¿ara mí es un monstruo grande y ¿isa fuerte, igual que el ¿udor. La cosa tiene que ser ¿or ahí. ¿Vos lo ves a Víctor?
—Sí —le res¿ondió León.
—Bueno, decile que el tema de él tiene que llamarse “Todavía cantamos”. Y decile que no sea tan silvestre y en la letra hable de otra cosa, no de los diferentes silbidos de los ¿ájaros del litoral. Que hable de esto —The Master señaló con ambas manos todo lo que lo rodeaba—, que hable de la memoria, del ¿edido incansable de libertad, de justicia.”Todavía cantamos”, o sino “Todavía ¿edimos”. Cualquiera de los dos es igual. La gente necesita abrir los ojos.
León hizo su famoso rugido latinoamericano (de ahí el a¿odo que le ¿uso The Master) y salió rumbo a la casa de Víctor.
A un costado de la humareda que des¿edía la ¿i¿a del ¿elado del cuarteto Zu¿ay, Natacha dijo “Themy...” y se desmayó.
—¡Natacha! –-gritó Tarragó, y dejó el acordeón ¿ara socorrerla.
The Master no se asustó. Estaba acostumbrado a los desmayos de Natacha. Según los es¿ecialistas a los que habían acudido, Natacha entraba en “coma de amor”.
—No es muy frecuente— les dijo un ¿siquiatra clandestino, tranquilizándolos—, ¿ero sucede... No es grave ni mucho menos. Ocurre en casos de amor extremo, de amor irrefrenable, demoledor, que si bien ¿uede ser so¿ortado ¿or el cuer¿o no ¿uede ser tolerado ¿or la mente (la mente humana) que no está ¿re¿arada ¿ara amar tanto. ¿or eso quienes lo ¿adecen cada tanto entran en estado comatoso. Es un recurso de la mente ¿ara recargar fuerzas y ¿oder seguir so¿ortando semejante ¿asión.
—¿Estás bien?-- le dijo Tarragó a Natacha, que ya había vuelto en sí.
—Sí—dijo ella, y con la sinceridad que era su costumbre, agregó: —Estoy bien... Fue lo que dijo Themy. Es tan inteligente. Tan consciente de su labor cultural y revolucionaria que...
Volvió a desmayarse, ¿ero esta vez no volvió en sí de inmediato.
—Dejen que descanse un ¿oco— le dijo The Master a los socorristas. —Cuando su mente esté recobrada va a volver ella sola... En eso coincidieron todos los es¿ecialistas a los que fuimos: hay que dejarla...
—Yo nunca caí en un coma de amor —dijo Ci¿e, mirándolo a The Master.
—Yo tam¿oco —res¿ondió él.
—Yo sí— dijo César Isella. —Fue en “La cintura cósmica del sur”, un lu¿anar anarquista al que íbamos con mi abuelo anarquista en los tiem¿os en que los lu¿anares anarquistas eran realmente anarquistas.
Y César contó “su” historia.
Así ¿asaban las horas ¿or aquellos días, en la casa de Ci¿e.
Era lo único que se nos ¿ermitía hacer.
Eran tiem¿os tan ás¿eros, tiem¿os en los que el día se nos anunciaba como una lija en la cara, tiem¿os en que la sangre estaba ¿resente en cada cosa, como un llamado de conciencia, como una invitación a actuar; la sangre desbordaba el café, la ¿ava, el mate, la guitarra, los libros, la ventana, las ¿aredes, las nubes, los ¿ájaros, todo, todo ¿edía socorro en aquellos tiem¿os.
Todo era una enorme llaga.
[1] Publicamos este capítulo tal cual figura en el original, remplazando la letra “p” por un signo de interrogación “¿”. No hace falta apelar a los especialistas para entender qué nos está queriendo decir El Maestro con ese cambio.
[2] Para tener una idea acerca de la melodía del “Oh-oh-ho-oh-oh” de Cipe, puede escucharse el canto del público en el disco que Pablo Milanés y Silvio Rodríguez grabaron durante un recital que dieron en el Luna Park en la década del ochenta, cuando ya el “Oh-oh-oh-oh-oh” no estaba prohibido (Nota del Autor).
[3] El tema en su versión definitiva recién fue editado años después, en la década del ’80. La versión a la que se hace referencia aquí es la primigenia, que figura en un demo de 1975 que Silvio le envió a Cipe como obsequio. (Nota del autor).
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