martes, 18 de octubre de 2011

CAPÍTULOS XXVIII (Segundo capítulo gemelo) y XXIX

XXVIII

La búsqueda







           ¿Encontraría a Natacha? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por una calle del Sur,  al puente que da a la estación de trenes, y apenas mis labios de ceniza y olivo pronunciaban la palabra “Latinoamérica” o “Revolución”, ya su silueta antihegemónica se inscribía allí, en el otro extremo del puente, a veces tarareando una canción de Piero, a veces detenida en alguno de mis poemas, que su voz recitaba como si le dolieran. Y era tan natural atravesar el puente y acercarme a ella, Natacha, que sonreía sin sorpresa, tan convencida como yo de que jamás habría lugar para un desencuentro entre nosotros mientras tuviéramos en la boca esas dos palabras, esas dos armas.
            Pero ella no aparecería ahora en el puente.  Su fina cara de translúcida piel no acudiría a mi llamado; quizás estuviera buscando un hotel tercermundista que se pareciera al hotel de Barracas, o intentara hacerse invisible para que la alada sombra de Videla no la atrapara...
De todas maneras subí al puente y dije:
            - Latinoamérica.... Revolución...
            Y no, Natacha no estaba.
            Bajé del puente con la sensación de estar en otra parte, en otra época, en otro país.
            Fui a una plaza y prendí un cigarrillo. El cigarrillo olía raro, como a pino, y entonces me di cuenta de que en realidad estaba fumando hachís. Así que me dejé llevar por aquel gusto y aquel aroma que me traían el recuerdo de otro perfume y otra piel de mujer.
            Al salir de la plaza me pregunté: ¿Encontraría a Susú?  
           
          


XXIX
El retorno
            



          Todo indicaba que The Master sin Natacha, sin Simone y sin Susú tocaría fondo, se hundiría aún más en la irresponsabilidad psicodélica del LSD, del cannabis, de la música y la literatura sin sentido.
            Sin embargo, The Master volvió a romper con todos los pronósticos, pues la desolación amorosa en la que estaba sumido, lejos de desbarrancarlo le dio fuerzas para seguir con su misión en el mundo: la lucha.
            Volvió entonces con nuevos bríos a las reuniones en la casa de Cipe, a las canciones populares de protesta, a imaginar una Latinoamérica libre en la que Simone pudiera crecer en democracia.
            Por supuesto que pensaba en Natacha y en Susú, pero ya no las buscaba.
            En una de las páginas de su diario escribió:
            “Ando sin buscarlas, pero sabiendo que ando para encontrarlas”. 

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