XXVIII
La búsqueda
Pero ella no aparecería ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel no acudiría a mi llamado; quizás estuviera buscando un hotel tercermundista que se pareciera al hotel de Barracas, o intentara hacerse invisible para que la alada sombra de Videla no la atrapara...
De todas maneras subí al puente y dije:
- Latinoamérica.... Revolución...
Y no, Natacha no estaba.
Bajé del puente con la sensación de estar en otra parte, en otra época, en otro país.
Fui a una plaza y prendí un cigarrillo. El cigarrillo olía raro, como a pino, y entonces me di cuenta de que en realidad estaba fumando hachís. Así que me dejé llevar por aquel gusto y aquel aroma que me traían el recuerdo de otro perfume y otra piel de mujer.
Al salir de la plaza me pregunté: ¿Encontraría a Susú?
XXIX
Todo indicaba que The Master sin Natacha, sin Simone y sin Susú tocaría fondo, se hundiría aún más en la irresponsabilidad psicodélica del LSD, del cannabis, de la música y la literatura sin sentido.
Sin embargo, The Master volvió a romper con todos los pronósticos, pues la desolación amorosa en la que estaba sumido, lejos de desbarrancarlo le dio fuerzas para seguir con su misión en el mundo: la lucha.
Volvió entonces con nuevos bríos a las reuniones en la casa de Cipe, a las canciones populares de protesta, a imaginar una Latinoamérica libre en la que Simone pudiera crecer en democracia.
Por supuesto que pensaba en Natacha y en Susú, pero ya no las buscaba.
En una de las páginas de su diario escribió:
“Ando sin buscarlas, pero sabiendo que ando para encontrarlas”.
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